11 de Enero de 2010
¿Cuáles son los mayores retos que enfrenta la administración del presidente Obama con respecto al tema de la sanidad?
La respuesta dista de ser sencilla ya que navegar el laberinto socio-político y económico de la sanidad existente resulta muy complejo, si bien los objetivos primordiales son fundamentalmente dos: cobertura universal y reducción de gastos.
La cobertura universal es un objetivo en sí mismo; no sólo como derecho de todos los ciudadanos americanos sino también como requisito indispensable para recortar el coste desorbitado de la sanidad actual.
El gasto de Estados Unidos en el área de salud es el más alto de entre todos los países desarrollados; continúa aumentando a un ritmo insostenible y es mayor que la propia inflación.
Los factores que contribuyen a incrementar este gravamen presupuestario son múltiples y variados. Algunos de ellos están tan enraizados en el sistema de vida americano que resultan casi imposibles de cambiar. Por ejemplo, los norteamericanos se preocupan por la salud más que en cualquier otro país, siendo éste un fenómeno cultural derivado de un estilo de medicina más intervencionista y menos conservador que el europeo.
Un complejo y carísimo círculo vicioso
Las salas de urgencia de los hospitales están reguladas por el Emergency Medical Treatment Act (Decreto del tratamiento médico de urgencias) a raíz del cual, se ven obligadas a administrar atención médica a todos los pacientes, independientemente de su cobertura o capacidad de pago.
Esta ley, convierte muchas salas de urgencias, en clínicas de facto, a las que llegan no sólo verdaderas urgencias sino también grandes números de no asegurados con problemas médicos no urgentes. Los hospitales transfieren parte del déficit acumulado en el proceso de atención a los no asegurados a la facturación de los pacientes con seguros, encareciendo y exagerando los precios. Por su parte y para no ser menos, las compañías de seguros recuperan su dinero aumentando las primas de los clientes, perpetuando así un complejo y carísimo circulo vicioso.
La falta de regulación de las compañías farmacéuticas ha permitido que el precio de los medicamentos sea, en algunos casos, veinte veces mayor que en Canadá y Méjico, promoviendo la consolidación del mercado de medicinas en Internet. Actualmente, estos países venden una gran variedad de medicinas a precios de ganga. Por otro lado, la falta de regulación de las aseguradoras ha permitido, entre otras cosas, que éstas decidan qué procedimientos y tratamientos serán cubiertos por su póliza y que puedan rechazar candidatos con condiciones médicas ya existentes (preexisting conditions). Como cabe esperar, el sector de población cubierto por seguros privados, acaba pagando de su bolsillo gran parte de la atención médica requerida.
Coste sanitario injustificado
Otro hecho desconcertante es que la suma de gastos procedentes de la facturación de médicos y hospitales sea aproximadamente el doble que en Canadá. El hábito de utilizar pruebas diagnósticas de alta tecnología y la falta de coordinación a la hora de integrar información médica (de un mismo paciente) procedente de otros hospitales conlleva la repetición de pruebas y procedimientos innecesarios, que se traducen en un despilfarro difícil de justificar. Y por último, cabe mencionar que durante los dos últimos años de la vida de un norteamericano se utiliza aproximadamente un 90% de su gasto sanitario total. Esta realidad está dando pie a una gran controversia ético-moral sobre la cantidad y calidad de la atención médica proporcionada a los pacientes crónicos y terminales.
Por tanto, y aunque tan sólo hayamos revisado los trazos más sobresalientes de la sanidad norteamericana, es fácil deducir que las dificultades a las que se enfrenta la administración del presidente Obama son complejas a todos los niveles.
Complejas a nivel económico, dónde el reto consiste en diseñar un plan que disminuya el coste sin precedentes de la sanidad americana; complejas a nivel social, ya que lo que se persigue es un sistema justo que haga accesible la asistencia médica a todos los ciudadanos; y complejas a nivel político, donde resulta imprescindible liderar un enfoque de sanidad regulado por la opinión y necesidades de los ciudadanos, no por los intereses capitalistas de las grandes corporaciones, las aseguradoras y las compañías farmacéuticas.
Autor
Dra. María José Rivell Amadoz
Psiquiatra en Estados Unidos
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