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3 de Julio de 2009

H1N1: La pandemia mediática

“Nadie sabe cuál va a ser el comportamiento del virus en el futuro, ya que su capacidad de mutación lo hace imprevisible”

El nuevo virus H1N1, al parecer de origen aviar, ha sido capaz de producir una pandemia, cuyo término hace referencia solo a la extensión que puede alcanzar y no a su virulencia. Los últimos estudios publicados en la revista Science ponen de manifiesto que este virus nuevo llevaba circulando entre la especie porcina varios años, sin haber sido detectado. Este hecho demuestra que disponemos de una excelente red de vigilancia epidemiológica en seres humanos (allí donde la hay, que se limita básicamente a los países desarrollados) pero que ésta se debe complementar con una red similar en sanidad animal, y pedir este “lujo” en países en los que ni siquiera se puede atender adecuadamente a las personas es pedir imposibles. Se hace patente más que nunca el viejo principio de “invertir en el tercer mundo para proteger al primero”.

Las pandemias anteriores nos han enseñado que tras una primera onda pandémica suele haber otra u otras, con una diferencia de meses entre ellas, y que las segundas o terceras ondas pandémicas suelen ser peores que las primeras. Toda la población mundial es susceptible de contagiarse ya que nadie antes ha estado expuesto al virus y no posee inmunidad frente al mismo. En el caso actual, la difusión de la enfermedad se ha visto enlentecida por dos circunstancias: la rápida actuación de las autoridades sanitarias que ha limitado su propagación a pesar de la gran movilidad de la población hoy en día, y el hecho de que se haya iniciado en primavera en el hemisferio norte, que no favorece la propagación del virus. Por el momento, el virus se ha extendido por cuatro continentes (África no ha notificado casos pero a todos nos entra la duda de que sea porque no los tiene o porque no los detecta) y su letalidad no pasa de ser la misma que la del virus estacional de todos los años, menos de un 0,2 %, aunque al haber mayor número de afectados es lógico que haya más fallecimientos.

Futuro

Cabe suponer que la siguiente onda pandémica coincidirá con la llegada del otoño y, por lo tanto, con mayor poder de difusión. Nadie sabe actualmente cuál va a ser el comportamiento del virus en el futuro, ya que su capacidad de mutación lo hace imprevisible. Sabemos que puede afectar a un número importante de personas (en una epidemia estacional de gripe se pueden contagiar entre el 5-15% de las personas expuestas, mientras que en una segunda onda pandémica la OMS estima ese rango entre el 22-33%). No sabemos qué va a suceder cuando coexistan el nuevo virus y el virus estacional de los últimos años (H3N2), situación que ya se está produciendo en el hemisferio sur; y todavía crea más dudas cuál puede ser el comportamiento del virus de la gripe aviar (H5N1), mucho más virulento, al entrar en contacto con el virus pandémico.

Lo que hasta ahora nos ha demostrado este nuevo virus es lo siguiente:

·Su virulencia se puede catalogar de media-baja.

·Se transmite fácilmente de persona a persona.

·Afecta principalmente a vías respiratorias superiores, y en escasas ocasiones produce cuadros graves como neumonías por virus influenza o neumonías neumocócicas.

·Es sensible a antivirales: oseltamivir y zanamivir.

Una cuestión que no debe pasar desapercibida es que las complicaciones en personas con enfermedades crónicas pueden ser graves. Dados los avances actuales de la medicina, cada vez contamos en todos los países con un mayor porcentaje de este tipo de pacientes.

En el próximo otoño-invierno lo lógico sería tener que vacunar de la gripe estacional, y si se dispone de la nueva vacuna, también de ésta. Hay varias cuestiones a este respecto que conviene comentar. La vacuna podría estar disponible en esa época ya que los métodos actuales de producción de vacunas lo permiten. Por un lado, la vacuna estacional es trivalente (lleva tres cepas) y la vacuna pandémica solo necesita una cepa, con lo cuál se reduce el tiempo de fabricación. Además, los adyuvantes actuales permiten necesitar menos cantidad de antígeno por vacuna, acelerando así la producción. Por el contrario, lo lógico es pensar que para una correcta inmunización será preciso utilizar dos dosis de vacuna por persona, ya que nadie ha estado previamente expuesto al virus. Y llegamos a la cuestión fundamental: la vacuna se convierte en un producto “estratégico” para los países productores, y su distribución dependerá más de alianzas políticas que de necesidades reales. Por desgracia para nosotros, España no cuenta con ninguna fábrica de vacunas, por lo que dependemos absolutamente de “la generosidad” ajena. Somos porcentualmente los mayores consumidores de vacuna estacional en Europa y este hecho debiera contar a la hora de la distribución. Pero, por poner un ejemplo, uno de los “grandes” en la producción de vacunas, Sanofi-Aventis-Pasteur, cuenta con dos fábricas en el mundo, una en Estados Unidos y otra en Francia. Hasta que no abastezcan completamente sus mercados interiores no exportarán el producto.

 

Autor

Pablo Aldaz Herce

Miembro del Grupo de Prevención de Enfermedades Infecciosas de la SEMFYC


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